Por: Brenda Covarrubias Aguayo
Virginia Woolf –una famosa novelista inglesa- dijo una vez: “Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”. Esta escritora, sufrió severas depresiones a lo largo de su vida. Me atrevo a sugerir que debido a su gran sensibilidad, y al mismo tiempo su intenso sufrimiento; con esta frase ella se está refiriendo al comer, no solamente a través de los alimentos.
Pensemos en lo siguiente. Cuando alguien nos resulta agradable o placentero utilizamos frases como: “Me caes bien”. Cuando vemos un bebé, es común escuchar un “Te voy a comer a besos” o “Me dan ganas de morderlo”.
En cambio cuando alguien nos es desagradable decimos que “No lo tragamos o que nos produce nauseas”. La intención, es mostrar como desde siempre hemos vinculado (inconscientemente) las emociones y los afectos, con el ingerir o expulsar.Lo que más distingue a una persona que sufre anorexia, es su falta de apetito y un gran temor a subir de peso. El apetito se define como un impulso que nos lleva a satisfacer deseos o necesidades - no exclusivamente fisiológicas- que se sienten por medio del hambre. Lo contrario al hambre es la saciedad. Estas personas están “saciadas” de no-desear. O mejor dicho: de no-querer lidiar con algunas emociones y aspectos de su vida. Por lo tanto, ahora su vida se basa exclusivamente en relacionarse con los alimentos, las dietas, los productos para bajar de peso, las calorías, entre otros.
Si la comida es nuestra principal fuente para regular la energía de todo nuestro organismo; pensemos en que su mente y su cuerpo involuntariamente- rechazan esta energía. Es decir, no sienten hambre de re-cargarse de vida.
Una de nuestras labores como psicólogos, es que los pacientes comprendan qué los llevo a desplazar su relación con el mundo, con los otros y con ellos mismos, hacia una no-relación con la comida. Cada una de las especialidades que intervienen para la recuperación de esta enfermedad, harán que la persona vuelva a nutrirse de necesidades - mentales y nutricionales- hacia la vida.
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