Por: Psic. María de los Ángeles Ibarra Gori.
Al convertirnos en padres la vida cambia, y se abre una nueva perspectiva en nuestras vidas por la presencia de un ser pequeño que depende absolutamente de nosotros. Ser madre significa abrirse al amor y a la renuncia, al tiempo propio para mostrar a ese pequeño ser lo que es la vida. Esto implica iniciar una existencia que depende de nuestra dedicación, atención, constancia y entrega amorosa.
¿Nos hemos preguntado, qué tan importantes son estos cuidados iniciales que dan sostén y proporcionan el cimiento de la estructura de personalidad de ese futuro ser?
¿Y que decir del padre, que con su acompañamiento sostiene a la madre para que pueda dedicarse a su hijo, apoyando así su maternidad?
¿No es esta una entrega amorosa incondicional? Y la historia sigue, y la entrega amorosa continúa aunque diferente. Los padres con nuestra presencia nos convertimos en un muro contensor, que con su exigencia cariñosa sostiene los altibajos de la adolescencia, las depresiones, las rabietas y los arranques. Porque nuestro yo interno sabe que son pasajeros, pero indispensables para la formación de una identidad propia. He aquí la mayor manifestación de amor como padres.
¿Cómo entender, cómo sobrellevar a ese hijo que de repente se torna desconocido, cómo vivir con ellos ese tiempo -sin tiempo- que ellos viven?
El qué hacer surge constante, el pararlos sin acabárnoslos, ¿Cómo respetarlos y al mismo tiempo poner límites? Son muchas preguntas que vienen de nosotros mismos, que solo la esperanza y nuestro amor de padres puede sobrellevar. Ya pasamos por la infancia y por la niñez, ya pusimos las bases bien o mal puestas. Ahora en la adolescencia nuestros hijos retoman su historia y nos la regresan a nuestras manos mostrando nuestros errores para darnos la oportunidad de corregirlos. Y es ahí en donde el amor de padres nos permite asumirlos con humildad para corregirlos, y así apoyar a nuestros hijos en el pasaje de esa difícil etapa que se llama adolescencia. Solo así ellos podrán con el tiempo ingresar a la vida adulta de una manera más o menos sana y nosotros como padres podremos respirar con tranquilidad.
¿No es verdad que el amor de nosotros como padres debe ser incondicional?














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