martes, 2 de marzo de 2010

Formación de hábitos = tranquilidad para todos. Por: Psic. Mónica Urdapilleta Carrasco


Cuando nacen los bebés, sobreviven gracias a los instintos y a su llanto. Tienen hambre y lloran, tienen sueño y lloran, les duele algo y lloran, su pañal está saturado y lloran… Pero si dejamos que su necesidad mande sobre el mundo, el pobre sufrirá mucho cuando crezca. Es tarea de los padres enseñarle a su hijo que en el mundo, las personas no podemos tener lo que queramos a la hora que queramos, sino que hay que esperar.

Cuando el bebé nace, la mamá responde a sus nec
esidades en el momento de la demanda, sin embargo poco a poco se va llevando al bebé a cumplir con un horario, el cual le dará tranquilidad a él y a sus padres. Como en todo, es cuestión de opiniones la manera de establecer horarios para los bebitos. Sin embargo más allá de la forma, el fondo es el mismo, ayudar al bebé a regularse para que posteriormente pueda autorregularse. ¿A qué nos referimos con esto? Al principio la mamá le dirá a su bebé “espérate un poquito hijo, en uno momento comerás” para que después él pueda decirse a sí mismo “espérate tantito, en un momento será la hora de comer”.

La formación de hábitos abarca lo referente a comida, sueño, baño, hora del juego. Que el bebé tenga horarios le permitirá tener certidumbre sobre lo que va a pasar. En cambio cuando los bebés no saben qué pasará en seguida, viven con una constante incertidumbre si no es que angustia. Por otra parte, los padres no tienen tiempo para ellos, ya que su bebé está intranquilo durante todo el día e incluso la noche.

La propuesta es que la hora de la comida se vaya espaciando, de acuerdo a las sugerencias del pediatra, y se respete. En cuanto al sueño, observar la cantidad de tiempo que el bebé necesita dormir y ayudarlo a que tome sus siestas en determinado horario. En cuanto a la hora de dormir en la noche, es importante lograr que duerma temprano para que descanse toda la noche y deje que sus papás descansen y tengan un tiempo para ellos.

Si tú papá o mamá tienes un bebé, te sorprenderá que tu vida se tornará un poco más sencilla cuando tu bebé y tú sepan cómo se desarrollará cada uno de los días. Además de que irás formando hábitos que harán que cuando tu bebé crezca pueda seguirlos fácilmente. En cambio si tu hijo no respeta horarios desde pequeño, va a ser una odisea lograr que se duerma y coma a sus horas.

REFLEXIONES SOBRE NUESTROS DIÁLOGOS ENTRE PADRES DEL 3 DE OCTUBRE DEL 2009.


La reunión de padres esta vez me hizo recordar todo el tiempo que me tomó darme cuenta de que, para organizar mi familia necesito sentarme junto con mi pareja, literalmente dicho, todas las horas que sean necesarias hasta lograr lo que a nivel empresarial llamaríamos un organigrama.
Necesitamos establecer quién dirige la organización. La respuesta pareciera obvia pero, a la hora de los cocolazos, ¿qué tan listos estamos para tomar el timón y dirigir el barco? Y cuando el problema está sobre la mesa, ¿a cuál de los dos padres le toca resolverlo?
Es absolutamente necesario que la dirección sea conjunta, en completo acuerdo; no debe haber ninguna grieta, ninguna duda, ni contradicción entre papá y mamá. Esto solo se logra con muchas horas de trabajo atrás, en las cuales logramos ponernos de acuerdo. ¡¡¡Hagámoslo!!! Es un tiempo que servirá para conocernos mejor como pareja.
Una vez establecido el organigrama, es importante estipular el reglamento. Para esto es vital considerar las consecuencias, las cuales deben de cumplir con una característica esencial: ser naturales, lo cual significa que se derivan naturalmente de la regla. Por ejemplo, si el niño tiró la leche su consecuencia tendrá que ver con el acto, como sería ayudar a mamá a limpiar el piso. Sería un tanto ilógico que la consecuencia fuera “recoger el cuarto”.
A esto de las reglas la psicóloga Yamine lo llamó “rayar la cancha”, es decir, ¿cuáles son las reglas de esta organización? ¿cuándo se saca tarjeta amarilla, cuándo la roja y qué sucede cuando esto pasa? Por supuesto si te sales de la cancha, ya no estás jugando y eso también tendrá sus consecuencias.
Antes de establecer el reglamento es importante que los padres contemplemos que la relación padres-hijos no es una relación de tú a tú, es decir “de iguales”. Los papás somos la autoridad y el ejemplo a seguir. Esta noche una de las terapeutas dijo: le vas a decir a tu hijo que en esta casa no se grita, que puede gritar en su cuarto o en el jardín, que los lobos aúllan allá afuera o los perritos ladran, pero adentro de la casa no se grita. Cuando dijo eso se me puso la piel de gallina, dije: “¡que responsabilidad tan enorme como mamá!, eso quiere decir que yo tampoco debo gritar como perrito o como lobo en la casa ¿verdad?”
Luego mi compañera habló de bonos de productividad, de tal forma que en una empresa si yo hago tareas ya definidas, sé que me voy a ganar ciertas concesiones. Lo mismo con nuestros hijos. Vale la pena enfatizar acerca de los bonos de productividad con ellos. Así pues, si lavaste los trastes, tendiste la cama, te lavaste los dientes, etc., ganaste tu mesada de los domingos y tal vez por ejemplo, si no cumpliste con alguna de tus responsabilidades, pues tu mesada se verá reducida o denegada. Y el punto que me gustaría resaltar es que resulta favorable que en nuestra casa no estemos viendo sólo lo mal hecho, es muy importante que pongamos atención a lo que se hace bien y cacarearlo para ayudar a que nuestros hijos se valoren a sí mismos.
Los papás nos tenemos que sentar, discutirlo, estar de acuerdo, lograr ser un frente común y después ser capaces de ejecutarlo juntos.
Y no nos hagamos muchas bolas como bien decía un conferencista llamado Vidal Schmill: que nuestro organigrama, rayado de cancha, bonos de productividad, reglamento etc., giren alrededor de tres valores fundamentales: respeto, responsabilidad y honestidad. Si logramos ponernos de acuerdo en lo que significan y establecer estos valores en nuestros niños… ¡ya lo hicimos!