martes, 2 de marzo de 2010

REFLEXIONES SOBRE NUESTROS DIÁLOGOS ENTRE PADRES DEL 3 DE OCTUBRE DEL 2009.


La reunión de padres esta vez me hizo recordar todo el tiempo que me tomó darme cuenta de que, para organizar mi familia necesito sentarme junto con mi pareja, literalmente dicho, todas las horas que sean necesarias hasta lograr lo que a nivel empresarial llamaríamos un organigrama.
Necesitamos establecer quién dirige la organización. La respuesta pareciera obvia pero, a la hora de los cocolazos, ¿qué tan listos estamos para tomar el timón y dirigir el barco? Y cuando el problema está sobre la mesa, ¿a cuál de los dos padres le toca resolverlo?
Es absolutamente necesario que la dirección sea conjunta, en completo acuerdo; no debe haber ninguna grieta, ninguna duda, ni contradicción entre papá y mamá. Esto solo se logra con muchas horas de trabajo atrás, en las cuales logramos ponernos de acuerdo. ¡¡¡Hagámoslo!!! Es un tiempo que servirá para conocernos mejor como pareja.
Una vez establecido el organigrama, es importante estipular el reglamento. Para esto es vital considerar las consecuencias, las cuales deben de cumplir con una característica esencial: ser naturales, lo cual significa que se derivan naturalmente de la regla. Por ejemplo, si el niño tiró la leche su consecuencia tendrá que ver con el acto, como sería ayudar a mamá a limpiar el piso. Sería un tanto ilógico que la consecuencia fuera “recoger el cuarto”.
A esto de las reglas la psicóloga Yamine lo llamó “rayar la cancha”, es decir, ¿cuáles son las reglas de esta organización? ¿cuándo se saca tarjeta amarilla, cuándo la roja y qué sucede cuando esto pasa? Por supuesto si te sales de la cancha, ya no estás jugando y eso también tendrá sus consecuencias.
Antes de establecer el reglamento es importante que los padres contemplemos que la relación padres-hijos no es una relación de tú a tú, es decir “de iguales”. Los papás somos la autoridad y el ejemplo a seguir. Esta noche una de las terapeutas dijo: le vas a decir a tu hijo que en esta casa no se grita, que puede gritar en su cuarto o en el jardín, que los lobos aúllan allá afuera o los perritos ladran, pero adentro de la casa no se grita. Cuando dijo eso se me puso la piel de gallina, dije: “¡que responsabilidad tan enorme como mamá!, eso quiere decir que yo tampoco debo gritar como perrito o como lobo en la casa ¿verdad?”
Luego mi compañera habló de bonos de productividad, de tal forma que en una empresa si yo hago tareas ya definidas, sé que me voy a ganar ciertas concesiones. Lo mismo con nuestros hijos. Vale la pena enfatizar acerca de los bonos de productividad con ellos. Así pues, si lavaste los trastes, tendiste la cama, te lavaste los dientes, etc., ganaste tu mesada de los domingos y tal vez por ejemplo, si no cumpliste con alguna de tus responsabilidades, pues tu mesada se verá reducida o denegada. Y el punto que me gustaría resaltar es que resulta favorable que en nuestra casa no estemos viendo sólo lo mal hecho, es muy importante que pongamos atención a lo que se hace bien y cacarearlo para ayudar a que nuestros hijos se valoren a sí mismos.
Los papás nos tenemos que sentar, discutirlo, estar de acuerdo, lograr ser un frente común y después ser capaces de ejecutarlo juntos.
Y no nos hagamos muchas bolas como bien decía un conferencista llamado Vidal Schmill: que nuestro organigrama, rayado de cancha, bonos de productividad, reglamento etc., giren alrededor de tres valores fundamentales: respeto, responsabilidad y honestidad. Si logramos ponernos de acuerdo en lo que significan y establecer estos valores en nuestros niños… ¡ya lo hicimos!

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