domingo, 25 de octubre de 2009

Los límites dan seguridad a padres e hijos. Por: Psic. Yamine Malacón Hill

Los límites son necesarios para el sano desarrollo de los seres humanos. El que podamos conocer nuestros límites, nos ayuda a construir una idea clara de mi potencial: lo que puedo alcanzar, así como lo que debo respetar. Lamentablemente, no es un concepto con el que se nace, es algo que se construye día a día desde nuestro nacimiento con el apoyo de nuestros padres. Más allá de que los límites signifiquen restricción, son más bien una red de contención necesaria para poder crear vínculos de confianza, seguridad y apoyo. Y el inicio de esta amorosa contención son los hábitos: los momentos en que mis papás me dicen que debo hacer las cosas, que son predecibles y que me ayudan a estar sano y feliz. Cuando como padres nos preocupamos porque nuestros hijos duerman a sus horas, coman en los momentos en que deben comer y jueguen cuando es momento de hacerlo, les brindamos a los hijos de una manera natural y sana esa protección y confianza que necesitan. Este efecto no solo lo tienen los niños, sino también los padres, ya que sienten que tienen todo acomodado, se preparan y saben exactamente lo que van a hacer. Los niños que no reciben límites, crecen con la sensación de no tener a nadie que los pueda contener. Un padre que no pone límites se siente desesperanzado y solo, ya que se siente cansado de tanta ambivalencia además de ser el malo en la familia. Muchas veces lo que se retroalimentan padres e hijos es esta necesidad de sentirse seguros: los niños de sentirse seguros que hay alguien que los cuida y que puede tomar las mejores decisiones, y los adultos de sentir que están haciendo un buen trabajo. Lo importante es intentarlo.

Hay una frase de Fernando Savater que puede describir lo que se necesita en una familia: "Para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien se resigne a ser adulto. Y me temo que este papel no puede decidirse por sorteo ni por votación asamblea. El padre que no quiere figurar sino como -el mejor amigo de sus hijos-, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve de poco; y la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija, tampoco vale mucho más."

Los acuerdos entre padres: una de las columnas que sostienen a una familia. Por: Psic. Mónica Urdapilleta Carrasco



Es curioso cómo en la mayoría de las ocasiones, una empresa o una familia inician sin ningún tipo de planeación formal. En el caso de las familias, probablemente uno de los pocos momentos en que la pareja se sentó a planear algo fue cuando decidieron casarse y quisieron organizar su boda. Sin embargo pocos se han dado el tiempo de ponerse de acuerdo en cómo se llevará a cabo la dinámica familiar. Por ejemplo, la mayoría de las actividades se llevan a cabo porque sobre la marcha cada uno las va realizando. El riesgo es que llegue el momento en que alguno se moleste porque sienta que lleva más carga que el otro. Esta situación se complica cuando llegan los hijos, porque entonces ni ellos saben qué es lo que le toca a cada uno de sus papás. Los invito a realizar el siguiente ejercicio en pareja. Dedicarle 1 hora a ponerse de acuerdo en el rol y actividades que asumirá cada uno les servirá para cuando necesiten establecer los límites para sus hijos.

¿Quíen de nosotros hace o hará lo siguiente?

—- pone límites
—- sostiene económicamente
—- nutre con alimento
—- nutre afectivamente
—- ayuda a sus hijos a identificar, manejar y expresar sus sentimientos
—- ayuda a hacer las tareas
—- limpia la casa (o supervisa a la persona del aseo)
—- hace la comida (supervisa a quien la hace o la compra)
—- va a comprar los alimentos
—- lleva a los hijos a sus actividades
—- corrige
—- educa en la sexualidad
—- está al pendiente de los acontecimientos que va viviendo su hijo
—- forma en valores

¿De qué manera lo estamos haciendo o lo haremos?
¿Qué resultados hemos obtenido?

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Son los niños manipuladores? Por: Psic. Rosario Villarreal


"Los niños son manipuladores". Ésta no fue una de las preguntas sino una de las afirmaciones que se hicieron en el grupo.

Ésta es una forma muy común de referirnos a los niños, ¡incluso desde que son bebés! No sólo eso, ésta es una de las premisas sobre las cuales educamos a nuestros hijos.

A nosotros los papás nos han aconsejado que nos cuidemos de la manipulación de nuestros hijos, de tal forma que nos da miedo que tomen el control y que por lo tanto no podamos educarlos.

Finalmente, lo que deberia ser la presencia tranquila, calmada, sostenida y sin miedos frente a nuestros hijos, se convierte poco a poco en una lucha de poder. Creo firmemente que esto sucede en gran medida por esta creencia muy difundida y exagerada de que si permitimos que nuestro bebé nos manilupe, más lo hará cuando crezca. Que quede dicho y establecido que un niño de los 0 a los 5 años no tiene la capacidad de elaborar un plan de accion y de decidir “ahora me voy a dedicar a molestar a mi papá hasta que entienda que quien manda soy yo”. Los niños empiezan a desarrollar la capacidad de abstracción y de planeación hasta los 6 años, y aún así cuando quieren conseguir algo no es para fastidiar a los papás sino para satisfacer una necesidad o deseo.

Pongámonos a pensar: somos los únicos seres vivientes en el planeta, que nacemos total y absolutamente indefensos, por lo tanto, cuando bebés o niños muy pequeños, tenemos que hacer lo que sea con tal de transmitir de alguna manera que tenemos una necesidad. ¿Por qué algunos niños lloran tanto o hacen berrinche con tal de conseguir lo que necesitan? Porque lo que más duele y literalmente pone la vida del niño en peligro es el no ser vistos, no cuidados o no comprendidos.

El llanto, las rabietas, los berrinches y la demanda incesante en los niños, son parte del muy limitado repertorio que tienen para comunicarse y a veces en realidad es la única manera de hacerse notar. Muchas veces ni ellos pueden definir con exactitud lo que quieren, de ahí que los límites por parte de los padres sean muy importantes. Pensar que un niño tan pequeño nos manipula puede ser muy dañino para el niño, ya que dejamos de atender e interpretar lo que nuestro hijo necesita.


¿Que tanto somos nosotros los que vamos creando niños manipuladores cuando en nuestro intento de educarlos somos nosotros los que manipulamos?

Necesitamos aprender a acompañar a nuestros hijos, y también a ver con ojos de niño. Es importante atender las necesidades básicas de nuestros pequeños. Dejemos a un lado la lucha de poder con un ser indefenso y dejemos a un lado el miedo a perder el control. Nuestro hijo nos necesita jugando con él, acariciándolo y amándolo...

viernes, 11 de septiembre de 2009

PRIMERA NOCHE DE DIÁLOGOS ENTRE PADRES



8 de septiembre del 2009

Hoy iniciamos nuestra primera noche de diálogos. Agradezco enormemente la participación de las psicoterapeutas Rosario Villarreal y Yamine Malacón. De igual manera valoro mucho la asistencia de los padres de familia que nos enriquecieron con sus preguntas y comentarios. Personalmente aprendí mucho te todos y me siento con más herramientas para ser mejor mamá.

Nunca imaginé la cantidad de preguntas que íbamos a responder las 3 terapeutas. Interrogantes de todo tipo dieron vida a esta noche de diálogos.

Algunas de las preguntas: ¿A qué edad puede decidir un niño? ¿Y si el niño dice que él quiere otra cosa diferente entre las que se le dio a elegir? ¿Los niños manipulan? ¿Si un niño no quiere comer algún alimento que se le preparó se le debe de permitir no ingerirlo? ¿Y si un niño te dice que no lo quieres porque no le estás permitiendo hacer lo que él quiere? ¿Es normal que te pongas celoso porque uno de tus hijos prefiere a tu pareja?

Espero que tanto Rosario como Yamine escriban en el blog para incluir las respuestas que ellas dieron. Por el momento escribiré mis reflexiones ante algunas de las preguntas.

¿Si un niño no quiere comer algún alimento que se le preparó se le debe de permitir no ingerirlo?
Todo depende de su edad y del propósito de que ingiera algún alimento. Como anotación importante, nos puede ayudar mucho a tomar decisiones con respecto a la educación de nuestros hijos, preguntarnos cuál es el objetivo de lo que estamos haciendo. Siguiendo el ejemplo anterior:
- Si nuestro hijo es pequeño y se encuentra en la etapa de probar alimentos, hay que insistirle en que los pruebe, ya que muchos dicen “no me gusta” antes de probarlos. Recordemos que el paladar se va educando, por eso es importante que desde bebés eduquemos su paladar y les demos a probar gran variedad de alimentos, claro, con la supervisión del pediatra. En esta situación, el objetivo es que el niño conozca varios sabores y los acepte poco a poco, por lo tanto insistimos en que los ingiera.
- Si nuestro hijo no quiere comer varios alimentos… Esta es una situación que me han planteado varias mamás al finalizar las conferencias. Aquí tendríamos que ver qué tanto tiempo le dedicamos a ese niño, cuando era bebé, a que fuera conociendo varios alimentos. Cuando los niños crecen se vuelven más quisquillosos y evalúan el alimento de acuerdo a lo que ven y huelen, antes de probarlo. También tendríamos que evaluar la actitud que nosotros teníamos o tenemos al darles de comer, ya que cuando la mamá está estresada coincide con que el niño no quiere comer y cierra la boca o avienta la comida. Y mientras más nos enojamos, más se opone el niño a ingerir el alimento. Digamos que empieza una lucha de poder, y ¿qué creen? normalmente gana el niño porque la mamá se desespera y le dice ¡estás castigado!, aunque finalmente no le cumpla el castigo. Una posible opción es que presentemos los alimentos en el plato de una manera agradable a la vista. Le podemos dar el alimento en pequeñas porciones hasta que lo acepte en su totalidad. Y bueno, hay que ser firmes en que sí se lo tiene que comer. Quiero hacer otra anotación: es válido que existan algunos alimentos que no nos gusten… En ese caso, podemos intercambiar el alimento por otro que contenga los mismos nutrientes. Aquí podemos observar que el objetivo sería que el niño se nutra, por eso se pueden hacer intercambios.

¿Y si un niño te dice que no lo quieres porque no le estás permitiendo hacer lo que él quiere?
Me encantó la respuesta que dio Rosario. Decía que de repente nos parece muy simple decirle a los niños que “no los queremos” cuando hacen algo que no nos agrada. Sé que lo decimos sin pensarlo o tal vez de broma, pero el niño lo va integrando en su pensar y sentir. Por eso muchas veces cuando los regañamos nos dicen que los estamos regañando porque no los queremos… Tenemos que cuidar mucho lo que decimos… Rosario agregaba que también se nos hace muy simple decirles “tontos”, “mensos”, “gorda”, “tú eres el culpable” ¡Aguas papás! Porque así se va formando el autoconcepto y se los juro que en terapia tardamos mucho tiempo en que se den cuenta de que no son ni tontos, ni mensos, ni gordas, ni culpables de lo que les pasa a ellos o a sus papás.

Cuando ponemos un castigo o negamos un permiso, el amor no se discute, les tenemos que decir que los amamos y que lo que estamos haciendo tiene que ver con su educación. Y cuando nos hacen enojar, tenemos que contar hasta 100000000000000 si es necesario, pero no se vale insultarlos, agredirlos, ni ponernos a discutir a su nivel… recordemos que somos sus padres, y los padres contienen, sostienen y forman.

¿Es normal que te pongas celoso porque uno de tus hijos prefiere a tu pareja?
Híjole… qué pregunta… Y cuando la respondo se sorprenden quienes me la preguntan. La realidad es que es de lo más normal, pero no siempre sano. Las niñas idealizan a su papá y los niños a su mamá. ¿Recuerdan haber escuchado alguna vez a una niña decirle a su papá que cuando ella crezca se van a casar? Esto se debe a que para la niña no hay más hombre que su papá. Y muchas veces el papá responde de manera muy simple: ¡sí hijita! Y bueno… la niña se lo cree y por eso pelea a su mamá… Digamos que la niña se enoja cuando el papá le da un beso a su mamá y viceversa. Y entonces la mamá a veces se pone celosa (muy en el fondo del inconsciente, porque casi ninguna lo acepta aunque suceda) de que su hija sea la adoración de su esposo. Ah y eso mismo sucede con los niños y las mamás. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Decirle a la niña: “no hija, mi esposa es tu mamá, tú eres mi princesa y algún día te encontrarás a tu príncipe”. Y cuando la niña se enoja cuando el papá le da un beso a la mamá, el papá le dice: tu mamá es mi esposa y los esposos se dan besos, pero a ti también te quiero porque eres mi hijita y a ti te doy un beso en la mejilla. Y si la mamá se pone celosa, pues lo acepta… digo, antes ella era la única en la vida del marido, y ahora al esposo se le iluminan los ojos cuando ve a su hija. ¡Qué padre! Quiere decir que la quiere mucho. Si yo como mamá siento algo extraño, como celitos, pues muy fácil, le digo a mi esposo: “amorcito, ¿me chiqueas?” Y listo. Bueno no es tan sencillo… tal vez más adelante hablemos más al respecto.

¡Qué maravilla haber tenido un espacio para charlar sobre la educación de nuestros hijos! Me da gusto saber que acaba de iniciar un grupo interesado en saber más sobre la educación de sus hijos para ayudarlos a crecer lo más sanos posibles. Me maravillé cuando supe que estaba presente en el instituto una pareja que no tiene hijos…

Te invito a los próximos “Diálogos entre Padres” Si no puedes ir, participa en este blog y si quieres sugerir otra fecha y horario para realizarlos, con gusto escucharé tus sugerencias.

Hasta la próxima…

Psic. Mónica Urdapilleta Carrasco

lunes, 7 de septiembre de 2009

Bienvenida


Desde hace 8 años atiendo a personas con trastornos de la conducta alimentaria. Sin yo imaginármelo, la vida me llevó a atender en psicoterapia a adolescentes. Al principio no entendía su mundo, me costaba trabajo traducir lo que me querían decir con sus conductas de rebeldía. Sin embargo, empecé a comprender que detrás de esa persona “insoportable” (como dicen los padres) había alguien con mucho dolor, tristeza, ganas de vivir y no saber cómo… y sobre todo alguien que se sentía totalmente solo y vacío en un mundo lleno de gente y de cosas materiales.

Ahora, amo trabajar con adolescentes, me parece que su mundo es fascinante y lleno de misterios por descubrir. Tienen tanta energía y no saben qué hacer con ella… Viven tantas emociones que los asustan… Y sobre todo, necesitan tanto a sus padres y no saben cómo llamar su atención y acercarse a ellos…

La vida ahora me marca paralelamente otro rumbo… ya no sólo tratar a personas con anorexia, bulimia o comer compulsivo, sino prestar atención a una labor preventiva de éstas y muchas otras situaciones problemáticas que enfrentan los adolescentes hoy en día.

Mi mirada se dirige a los padres de familia, aquellos que como yo inician la “aventura de ser padres” o que ya se encuentran en la turbulenta adolescencia de sus hijos.

Inicio estos “Diálogos entre Padres” porque nunca está de más saber qué hacer y qué no hacer en la educación de nuestros hijos. La mamá de una paciente me decía que tal vez su hija no se habría enfermado si ella hubiera estudiado psicología. La realidad es que estudiar psicología o pedagogía no garantiza a la persona ser infalible como padre o madre. Yo soy psicóloga y estudie una maestría en psicoterapia, sin embargo me auxilio de otras personas para educar lo mejor posible a mi hija. Me parece que lo que más nos puede ayudar a los padres para “regarla lo menos posible” con nuestros hijos, es ser humildes al reconocer que no siempre sabemos qué hacer con ellos y pedir apoyo, y por otra parte, sanar las heridas del pasado para no repetir con nuestros hijos lo que tanto nos lastimó a nosotros.

Mi sueño es que la felicidad sea el común denominador en los miembros de la sociedad, ya que el aumento de la depresión, las adicciones y los suicidios nos están expresando de alguna manera que las personas se encuentran cada vez más solas e insatisfechas con su vida.

Las historias que escucho en psicoterapia son muy tristes y dolorosas. Mis pacientes adolescentes no saben qué hacer con su vida y lo que piden a gritos es la atención de sus padres a través de afecto y de límites. A ti papá o mamá que estás leyendo estas líneas, te invito a ser parte de la nueva generación de padres de familia que VALORAMOS nuestro rol de padre o madre y que nos comprometemos al 100% con la educación de nuestros hijos.

A nombre de tus hijos, te agradezco tu interés por aprender más de ellos y te doy la más cordial bienvenida a estos “Diálogos entre Padres”. Que los disfrutes. Psic. Mónica Urdapilleta Carrasco